Así comenzó nuestro Taller en México

Todavía tengo miedo. Comenzar en un país nuevo aparte de no ser fácil, debes dejar atrás millones de cosas. Como por ejemplo, el apego a lo que venías haciendo. Durante más de un año y 40 talleres, miles de personas han disfrutado del taller en Venezuela y ahora quiero hacerlo en México. Monté el taller cuando pisé esta tierra y me propuse volver a empezar no importa lo que pase. La diferencia entre comenzar hace 40 talleres y hoy, es que ahora tengo la experiencia que antes no tenía. Muchos de los procesos por los que tenemos que pasar en la vida no son otra cosa que coleccionar experiencias, y la verdad es que te van a servir en el futuro.

Repartí 1000 volantes, todos y cada uno entregados en la mano, vendiendo mi idea. Mi nombre. No quería dejarlos en tiendas porque ya sabemos dónde paran esos papelitos. Me fui a las escuelas, los institutos, las universidades. Pero resulta que esta ciudad es grande. ES GRANDE. Totalmente diferente a Venezuela, es realmente inmensa. 1000 volantes se pueden repartir en una tarde y a nadie le va a importar. Sin embargo, yo salí a trabajar y dignamente me paré en las calles con mi gran sonrisa a repartir volantes.

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Pegué cientos de afiches por la avenida donde haría el taller. Un poster colorido, animado, alegre. Con una cinta que reza “Por primera vez en México” como si yo fuera un circo que acaba de llegar al pueblo. Y eso es lo que yo creo, que soy un artista que viene a buscar fortuna en un lugar nuevo, sin conocerlo. Conforme iban pasando los días veía cómo los posters seguían pegados a los postes, y paredes. Hay como un código de respeto o libertad, que permite estas cosas. Confieso que estuve muerto de miedo cuando pasaban los policías a mi lado en las patrullas y yo con el teipe (que aquí le dicen “cinta canela”) entre los dientes y la mano con el afiche. Capaz era una tontería, pero vaya que tuve miedo.

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Los venezolanos aquí son lo que hace tiempo no vemos en Venezuela. Hermanos y solidarios. Fueron los primeros que se inscribieron! Eso me dio una luz, aunque entre la publicidad que hice, el tiempo destinado y el alquiler de los espacios, necesitaba muchas personas más para obtener ganancias. Un amigo venezolano aquí en México me dijo “No digas que es pérdida, estás haciendo una inversión” y de repente absolutamente todo cambió de sentido. TODO. Y recordé todas las veces en Venezuela que tuve que hacer lo mismo, sin dormir y con el sueño entre las cejas para llegar a donde llegué. Entonces la verdad es que no me importó más nada y salí a comprar los materiales de mi primer taller de dibujo en México.

Volver a comprar lápices, sobres, sacapuntas, hojas… ver la variedad de productos y preparar el nuevo taller ha debido ser unas de las cosas que más he disfrutado hacer en la vida. Esos mismos lápices los vamos a exprimir hasta que salgan los personajes más divertidos del mundo. Porque al final eso es el taller, exprimir esa creatividad para que inventemos cosas positivas, nuevas, hacer de nuestros personajes unos hijos.

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Aquí los lápices standard se llaman “Mirado” ¡Y son buenos buenos! 

 

No les voy a contar lo difícil que se me hizo la hora previa al taller, porque les voy a arruinar el artículo. Sentí que me estaba graduando, que me estaría presentando en el Wembley, en el Arena México, en el Aula Magna. Alegría, logro, miedo, éxito, y por otro lado saber que un nuevo camino se está abriendo, que estoy comenzando de nuevo en otro país, con buen pie y ganas, es algo que todavía 2 días después no caigo en cuenta.

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Aquí vamos de nuevo

En mi 1er taller en Venezuela tenía el mismo problema ¿Y si no les gusta? ¿Y si fracaso? Lo de siempre. Revisé esas fotos del primero y caí en cuenta que todos los procesos deben comenzar por alguna parte. Así fue mi primer taller… no se trata de ser muchos o pocos, se trata que la gente aprenda y se divierta.

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Tuve que decirle a mis amigas que llenaran los puestos para que no se viera tan pelado! (Junio 2014)

Pero comenzamos! Mis primeros asistentes al taller, mi primera mesita con lápices y con una audiencia de creativos, emprendedores, empresarios y estudiantes. Una pareja, fotógrafos, y un estudiante de secundaria… ¿Podría pedir más? NO. Hicimos hasta una traducción simultánea de modismos y expresiones coloquiales para no meterme en problemas en el futuro. La mitad es venezolana, y la otra mitad mexicana. Nuestra primera clase de trazos la llevamos a cabo en el mejor de los ambientes, y al comenzar sentí que todo el miedo pasaba. Me di cuenta que mi amigo Flavio tenía razón cuando me dijo “Miedo de qué? Si ya sabes hacerlo, lo has hecho tantas veces antes” Es cierto, pero yo digo que el día que uno pierda el miedo por presentarse en público, ese día hay que retirarse. Y aquí estoy, haciendo todo lo que puedo para hacer que la gente se vaya feliz.

Cuando salí del taller, me senté un buen rato en esta plaza. A mirar al fondo, a preguntarme qué había pasado. Me sentí como si un camión me hubiese pasado por encima. Junté toda mi energía en esas 3 primeras horas y valió la pena cada segundo. Hicimos el trabajo y salió bien. Realmente esto no es comenzar desde cero, me di cuenta que haber pasado por tantos talleres previos hicieron de esta jornada una actividad llena de experiencia y calidad. No puedo estar más satisfecho de este comienzo.

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Aquí está, la primera foto de la primera clase del primer taller en el DF mexicano ¡Los sueños existen y yo acabo de cumplir uno más!

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Gracias a todos los que han estado pendientes, esto es para ustedes! ¿Están listos para el próximo taller? Porque yo si!

4 Comment

  1. ruidoblanco says: Responder

    ¡Qué bonito leer esto! Un abrazo chamo!!!!!! <3

  2. Jugar es el juego. TqM <3

  3. Francisco Granados says: Responder

    Orgulloso!

  4. OH,GOOD BLOG.

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